vol. 002
domingo · 26 jul
the strokes puede esperar.
japón.
david gilmour.
tres canciones.
01 LA ENTRADA
el viernes salió reality awaits, el primer disco de the strokes en seis años.
no vamos a hablar de él. todavía.
lo escuchamos dos veces. todo mundo ya decidió que es una obra maestra, una decepción, el regreso de la banda o su final. nosotros seguimos en: “aguántame tantito, hay algo aquí”.
sabemos que parece que no queremos vender. sale un disco esperado, todo mundo está hablando de él y nosotros decidimos pedir otra semana.
gran estrategia.
pero dos escuchas no alcanzan para decir algo que valga la pena. alcanzan para tuitear. (que 2012)
no tenemos twitter.
el disco no se va a ir. nosotros tampoco. danos chance de digerirlo.
mientras tanto: japón, david gilmour feliz en su estudio y tres canciones.
02 LA HISTORIA DE LA SEMANA
japón inventó los listening bars porque los discos eran demasiado caros.
nosotros los copiamos porque no podemos dejar el teléfono.
en 1929 abrió cerca de la universidad de tokio un café llamado black bird. no tenía músicos tocando en vivo. tenía café, discos de jazz y gente sentada escuchándolos.
eso era todo.
revolucionario, básicamente poner música y guardar silencio.
la idea pegó. antes de la guerra ya había alrededor de ochenta lugares parecidos en japón. se llamaban jazz kissa.
la razón era bastante simple: comprar discos importados de estados unidos costaba una fortuna. tener un equipo de sonido bueno también. y aunque hubieras conseguido ambas cosas, muchas casas eran pequeñas y tenían paredes delgadas.
podías escuchar jazz. también podían escucharlo tus vecinos, sus hijos y probablemente la siguiente cuadra.
así que ibas a uno de estos cafés, pedías algo y escuchabas discos que no podías comprar en un equipo que tampoco podías comprar.
bastante buen trato.
después llegó la guerra. el jazz empezó a ser perseguido por considerarse música del enemigo, muchos lugares cerraron y varias colecciones desaparecieron durante los bombardeos.
ahí no hay chiste.
después de la guerra, las kissa regresaron. y regresaron en serio.
llegó a haber cientos por todo japón. no era únicamente llegar y pedir una canción. de hecho, en muchos lugares no podías pedir nada. el dueño —el master— elegía qué sonaba, en qué orden y a qué volumen.
antes de poner un disco explicaba quién tocaba, de dónde venía y qué valía la pena escuchar. la gente tomaba notas. literalmente iban a estudiar música mientras tomaban café.
spotify editorial, pero con una persona.
y sin botón de saltar.
varios músicos japoneses aprendieron así: sentados, callados y escuchando discos completos.
todo iba perfecto hasta que la gente empezó a poder hacer lo mismo en su casa.
en los setenta, los equipos de sonido bajaron de precio. los discos empezaron a ser más fáciles de conseguir. luego llegaron el walkman, el cd y todo lo demás.
ya no tenías que salir para escuchar bien. las kissa empezaron a desaparecer. no porque la gente dejara de amar la música, sino porque por fin podía llevársela a casa.
fin de la historia.
bueno, no.
porque ahora los listening bars están volviendo.
en ciudad de méxico ya hay varios: café de nadie, tokyo music bar, musak, shhh. no todos funcionan exactamente como una kissa japonesa. en algunos puedes hablar, comer y pedir otro trago sin que llegue alguien a expulsarte por toser durante el solo.
pero la idea es parecida: un buen equipo, alguien eligiendo la música con intención y tú sentado escuchando. sin dejarla “de fondo”.
o sea: estos lugares nacieron porque casi nadie tenía acceso a los discos. empezaron a morir cuando todo mundo tuvo acceso. y regresaron cuando tuvimos acceso a absolutamente todo.
el problema ya no es encontrar música. el problema es quedarnos cuarenta minutos con la misma sin revisar el teléfono, cambiar de canción o recordar de repente que era urgentísimo ver un reel.
tenemos toda la música de la historia en el bolsillo.
y necesitamos que un lugar nos cobre para escuchar un solo disco.
no lo decimos como crítica. lo decimos con alivio. a veces hace falta que alguien te siente, te sirva algo y te diga:
cállate tantito.
está empezando la canción.
03 TRES COSAS QUE ESCUCHAR
01 · “stray dogs” — nothing but thieves
“stray dogs” tarda un rato en entrar en sí.
déjala.
está agarrando vuelo.
cuando por fin cae, ya no te quieres salir de ahí. la guitarra pesa lo suficiente para mandarte directo a tabs.com a descubrir que, en efecto, no estaba tan fácil. mientras tanto, la batería te deja como si te hubieras tomado cuatro red bull y un shot de don julio 70.
no hicimos la prueba.
parece una pésima idea. (o no)
algo que siempre hemos valorado de nothing but thieves es que suenan a nothing but thieves. parece una obviedad, pero hoy hay aproximadamente 349 bandas intentando sonar a the strokes, the killers, kings of leon, oasis o a todas al mismo tiempo.
nada en contra.
buenos árboles dan mucha sombra.
pero nothing but thieves lleva años encontrando formas nuevas de sonar como ellos mismos. “stray dogs” es pesada, rara en los lugares correctos y no parece estar pidiendo permiso para entrar en ninguna playlist de “rock alternativo 2026”.
tarda en llegar.
cuando llega, llega corriendo.
02 · “lost in the land of azul” — new delica ft. cinthya annel
australianos + mexicana.
¿qué podía salir mal?
bastantes cosas, la verdad.
pero salió esto.
cuando pusimos “lost in the land of azul” no esperábamos que sonara como suena. es bolero, bossa nova, indie, pop y un poco de flamenco.
más o menos.
ponerle género empieza a sentirse como llenar un formulario.
la colaboración no se siente como una banda del otro lado haciendo “su canción latina” para caer bien por acá. cinthya no está puesta encima como decoración: la canción se mueve alrededor de su voz.
todo tiene una vibra etérea, tranquila y medio fuera del tiempo. las guitarras flotan, la percusión nunca empuja de más y la canción parece saber perfectamente a dónde va, aunque uno no tenga idea de cómo llegó ahí.
te sientes en sicilia.
pero tomando una modelo especial con un ceviche.
combinación impecable.
es distinta a casi todo lo que escuchamos esta semana. tiene alma, no fuerza ninguna de sus mezclas y termina dejándote en un lugar bastante más tranquilo que donde te encontró.
03 · “baby i’ll change” — fiddlehead
“baby i’ll change” empieza armando el lugar antes de decirte qué está pasando. guitarras, batería, ruido, tensión. durante un rato parece que va a ser una canción instrumental.
luego entra la voz y resulta que no.
fiddlehead hace una mezcla de punk, hardcore e indie que, entre riff y riff, te pone a reflexionar sobre tu vida sin haberte preguntado si tenías tiempo. para cuando entiendes por dónde va, ya estás viendo la pared fijamente y repasando decisiones que tomaste a los 23.
la pared tampoco tiene respuestas.
la canción va creciendo con paciencia. cada instrumento empuja un poco más, la emoción se acumula y todo termina explotando en una euforia que no se siente gratuita: se la ganó durante los minutos anteriores.
empieza como atmósfera.
termina como si acabaran de abrir todas las puertas al mismo tiempo.
no resolvimos nada.
pero qué buen cierre.
04 UN EXTRITA
esta no es nueva.
nos vale.
en septiembre de 2024, rick beato subió un video explicando por qué david gilmour nunca iba a aparecer en su canal. menos de dos meses después entrevistó a david gilmour.
excelente predicción.
pero luego pasó algo mejor: gilmour lo invitó a su estudio para seguir platicando.
de ahí salió un video de casi dos horas que se siente completamente distinto a una entrevista normal. no hay pleito de pink floyd, no hay necesidad de sacar a roger waters a pasear y nadie intenta resolver cincuenta años de drama entre señores británicos.
es david gilmour enseñando su estudio. nada más.
bueno, nada más david gilmour enseñando las guitarras, pedales y aparatos con los que hizo algunos de los sonidos más famosos de la historia del rock.
se ve feliz. pero feliz de verdad. como niño enseñándote el juguete que lleva tres días esperando presumir.
agarra una guitarra, explica de dónde salió un sonido, recuerda cómo grabaron algo y toca el intro de “dogs” como quien se vuelve a poner una chamarra que todavía le queda.
lo mejor no son los datos técnicos, aunque hay muchos y están buenísimos. lo mejor es verlo escuchar sus propias canciones.
rick beato pone una y gilmour empieza a tocarla en el aire, a cantar partes bajito, a esperar el momento que viene.
después de cincuenta años, sigue ahí adentro.
búscala como david gilmour: the studio interview 2025.
dura casi dos horas.
sí, dos horas.
hazte un café.
o pide que te calle alguien para entrar en ambiente.
eso fue vol. 002.
del disco de the strokes hablamos cuando terminemos de entender qué carajos pensamos. si tú ya lo escuchaste tres veces y tienes un veredicto definitivo, contéstanos y presume.
leemos todo.
nos vemos el próximo domingo. tkm
— volumen